Cómo sobrevivir a Moscú: cirílico para todos y todas

Por Domingo, febrero 12, 2017 0 No tags Permalink

El alfabeto ruso, llamado cirílico, se parece al griego, y después de unos días empezás a agarrarle la mano: PECTOPAH se lee (y quiere decir) RESTORAN, KAΦE se lee CAFÉ y ΓASTPOHOM se lee GASTRONOM, y siginifica “acá vendemos morfi”. O sea que, ya con eso, sobrevivís. Y si querés que se te venga encima una cuadrilla de cosacos danzarines, digamos, la mitad masculina del ballet folklórico local, te metés en uno de esos lugares que tienen fotos de chicas y dicen KLYБ (CLUB). Y ahí vienen, pateando el aire y coreando: “Hey! Ná-ná-ná – Hey! Ná-ná-ná Hey!…”.

En el desayuno, la señora engominada que toca el arpa cambió el repertorio. Hoy nos dejó varios favoritos de Liszt y Los Plateros. Pedile que pare, Vassily, porfa, que me van a caer mal los blinis.

Una de las mesas tiene varios carteles que rezan COK. Se lee SOK. Y uno supone que significa JUGO, aunque siempre resta la posibilidad de que sea otro gentil, leal y cortés anuncio de inminente y repentino SOK por detrás. El que avisa no es traidor, dijo Don Julio, así que no pregunté nada por las dudas, ¿vio?

Dato adicional de mi habitación: al lado del inodoro te dejan el nunca bien ponderado cepillo cilíndrico, en caso de que, en efecto, la arpista te haya hecho caer mal los blinis y sientas compasión por la mucama.

Pero el gimnasio del hotel, como era de esperarse, es mejor que el gimnasio al que voy yo en BA. No sea cosa que Boris se achanche cuando viaja a la capital de la Madre Patria.

Moscú debe ser el único lugar del planeta donde los restoranes italianos sirven sushi (y yo tampoco pregunté por qué, no sea cosa que aparezca de pronto el ballet cosaco, desde atrás y por sorpresa). Te dejan dos menús. Uno con fotos de ensaladas verdes y rojas, fideos negros y pizzas, y otro con fotitos de botes de madera llenos de california rolls y sashimi. Dado que los tipos son desmesurados para todo, las dosis japonesas de jengibre en conserva son remplazadas por unos platitos rebosantes de cosas rosadas, que desde lejos parecen contener jamón de Parma.

Los sushi-men, me han dicho, son todos Kazajos: son lo más parecido que consiguen a un japonés (vale decir que Borat no tiene ni un rulo de kazajo). Les ponen una vincha y les dan un cuchillo afilado; para mí no saben lo que hacen, estos moscovitas. Y encima, como Moscú es una de las últimas ciudades que aún permite fumar bajo techo (no lo van a hacer salir a fumar al pobre Boris con cuarenta bajo cero, se le apagarían los charutos, además de congelárseles los gobelinos) se ven combinaciones de lo más innovadoras. Minas que fuman Virginia Slims, toman Prosecco y picotean nigiris con palitos. Fusión, que le dicen.

Moscú, dicho sea de paso, está llena de restós italianos (ИТАЛЬЯНСКОЕ – ITALIANZKE), porque por algún motivo (también me abstuve de preguntarlo, por si acaso) a los rusos les encanta Italia. Y uno va a comer allí porque los menús están, además de en ruso, en el idioma peninsular, y porque, después de todo, en un plato de fideos no le pueden errar por mucho. Ayer, tan podrido estaba de pasta, que, en el almuerzo, acepté lo que tenía pinta de ser una hamburguesa. Recordé, en menos de lo que se tarda en salir corriendo cuando llega la policía moscovita a un bar, los motivos por los cuales se inventó la mostaza.

Dar un curso acá es, desde todo punto de vista, insalubre para un tipo familiero como yo. La industria del lujo tiende a contratar gente linda, y acá hay chicas lindas para llenar varias veces la Plaza Roja.

Hoy empieza junio, y si bien de “noche” refresca, anochece a las 11, y amanece a las 4: con razón están del tomate los moscovitas. Dice hoy el Moscow Times: “Nuestra ciudad planta porro en vez de césped. Plantío de marihuana pegado a estación de subte rinde una jugosa cosecha” (me llevo el recorte a casa). Queda claro por qué uno de los autores extranjeros más populares en Rusia es Gabriel García Márquez: Macondo al lado de esto es un Club Mediterranée.

El tráfico es un galimatías, hay gente borracha por todos lados, y los moscovitas estacionan (o, mejor dicho, abandonan sus autos) donde se les canta, así que para manejarse en la calle les agrego algunas palabras y frases útiles, por si quieren jugar a la ruleta rusa y se animan a salir a caminar por acá.

Empezando por ВХОД (VKHOD), que se traduce por ENTRADA y significa “bajo su propia responsabilidad”, o, ya que les gusta tanto el italiano, “Lasciate ogni speranze vuoi qu’ entrate”, y ВЬІХОД (VYKHOD), que como es lógico se traduce por SALIDA y significa “ruta de escape”. Luego, es conveniente aprender a decir ПОЖАЛУЙСТА (POZHALUISTA), que suena “poyelzta”, se traduce por POR FAVOR y significa “a mí no, camarada”, y ПОМОГИТЕ ПОЖАЛУЙСТА (POMÓGITE POZHALUISTA), una variante avanzada que se traduce por AYUDA POR FAVOR, suena “pomóguite poyelzta” y significa “piedad, soy virgen aún”.

Por último, si se pierden, busquen un cartel que diga ИНФОРМАЦИЯ (INFORMATSIA) que se traduce por INFORMACIÓN y significa “ja, ja, ja, arreglate como puedas”. Y cuando reciban indicaciones, sepan que СТОП, se lee STOP y significa “manos arriba”, que ПРЯМО (PRYAMO) se traduce SIGA DERECHO y significa “su ruta”, y que ПОЗАДИ (POZADI) se traduce por DETRAS, va con gesto de dedo y significa “los cosacos danzantes están detrás de usted, relájese y goce”.

Y eso es todo. Este cronista se despide con un ДО СВИДАНИЯ (DO ZVIDANYA), cuya traducción es HASTA PRONTO y significa “se pudrió todo, Natasha, ponete la bombacha y vamos”. Hey! Ná-ná-ná – Hey! Ná-ná-ná Hey!…

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